Carta Abierta al Sr. Augusto Pinochet

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Sr. Augusto Pinochet Ugarte,

Hace 40 años atrás tu fuiste el responsable por asesinar la democracia de Chile. Responsable por hacer parte y comandar una historia marcada por el color rojo, no un rojo de una ideología política, pero el rojo de la sangre de los propios chilenos.  Responsable por cambiar la vida de todos los chilenos y de quién estuviera en el país. Responsable por cambiar la vida de mi familia.

Sí, en ese 11 de Septiembre, la vida de mi familia cambió, así como las de muchas familias, en Chile. Y mismo sin yo existir en la época, mi vida cambió. Mi vida fue castradas de recuerdos y vida familiar.

Cuando algunas personas me dicen que no fue tan así, a veces hasta se ríen de manera burlesca. Me quedó callada. Principalmente si son chilenos. Porque sé que algunos hasta hoy no tienen idea, o no tenían, de la dimensión que tuvo su acto para restablecer la política y la moral de Chile, según lo que tú y otros comandantes decían. Pero no tengo idea que moral era esa que tu tenia, matando personas. Me quedó tranquila, porque que adelanta discutir con esas personas? Eso va traer justicia a todos los muertos y desaparecidos? No. Eso solo alimenta ese odio que tú y tu tropa construyeron. Y de verdad, no soy igual a ti. No los odio. Solo tengo asco. Y espero justicia por todos los que perdieron la vida, que desaparecieron y que tuvieron que huir de su propio país, por defender la preciosa democracia.

En que tu, señor Augusto Pinochet, cambio mi familia y mi vida?

Mi abuelo Fernando fue preso, en esa semana. Quedó desaparecido por un tiempo, pues estuvo en campo de concentración y en un barco que usaban como campo de concentración. Obvio, fue torturado. Sé que mi Nona lucho mucho para tener informaciones hasta que un día Fernando volvió. Nunca supe bien la historia, porque Fernando nunca habló. Y una vez mi abuela me conto como fue. De cómo un otro señor, prisionero, que llego a la casa de mi Nona con el reloj de Fernando que era para que supiera que estaba vivo. Mi tío abuelo, también fue preso y llevado a campo de concentración, en ese mismo septiembre. Luego por un tiempo fue un desaparecido. En eso, mi abuela y mis tías luchaban día a tras día con esa angustia. A mi papá, lo expulsaron de la Católica, obvio que no fue algo simples y tranquilo, nunca habló mucho con nosotros sobre eso, pues hasta hoy le cuesta revivir esos tiempos. Otro tío, estaba en la lista, tuvo que salir del país de modo clandestino pues se sabía que lo iban a matar. En conversas de familia, supe que un otro tío, también tuvo que salir, pues en ese mismo septiembre su casa fue baleada.

Me imagino la angustia de toda mi familia. De mis abuelos, de mi mamá, de mi papá… de todos.

Por eso, mis papis salieron de Chile. Hasta hoy escucho de ellos y escuchaba de mis abuelas, que si en 1983 estuvieran viviendo en Chile, yo probable que no tenía más papás ese año.

En que cambiaste mi vida? Obvio, que con la arrogancia que tienes no lo notaste.

Nací en Brasil. Me encanta el país que acogió mis papis y nos regalo una familia muy linda, una familia del corazón.

Pero, tú me negaste ser chilena. Cosa que logré hace unos años. Tu creías que hijos de chileno en el extranjero éramos mini subversivos, revolucionarios. Y le digo que sí, tienes razón en eso.

Me acuerdo de la primera vez que fui a Chile. Parece que algo pasó por acá y a mi papá le dio los 5min., partimos de auto, un Opala. El instante en que la cordillera apareció en nuestra frente fue una emoción para mis papás, junto con una tención. Me acuerdo de la tención, yo tenía 4 años recién cumplidos, para los que dicen que no hay recuerdos…HAY! Me acuerdo que  mis papis dijeron a mi hermano y a mí que solo hablásemos en portugués si alguien venia a preguntar algo. Y obvio, vinieron unos señores a preguntarnos cosas y yo solo decía que estábamos comiendo Danoninho. Por suerte todo salió bien. Suerte divina y falta de tecnología. Después en 1986, fuimos de avión, era un vuelo con puros conocidos, pero llegando a Chile fue todo raro y tenso, me acuerdo que todos se miraban para tener certeza que todos salíamos, que no dejaban a nadie detenido.

En mi infancia viví actos por el fin de la dictadura tanto Brasilera como la Chilena. Mis papis mismos lejos luchaban y luchan por un mundo democrático y justo. Vi lo que hoy son llamadas “Imágenes prohibidas” en mi casa, de alguna manera los VHS con las cosas de Tele Análisis llegaron en mi casa. Crecí viendo la angustia de mis padres en ver a Chile de lejos.

Crecí castrada por su culpa Sr. Pinochet. Si, tú me castraste de los recuerdos que nunca voy a tener, sí un día tengo hijo y me pregunta cómo eran las navidades con los bisabuelos, no tendré recuerdos. Por su culpa! Tú me quitaste el derecho de:
– tener tardes de domingo con mis abuelos;
– los cumpleaños con abuelos, tíos y primos;
– los lindos recuerdos de navidad en familia;
–  jugar con los primos;
–  aprender cosas con abuelos y abuelas.
Son recuerdos que nunca lo voy a tener.

Me hiciste una dislocada eterna, una eterna extranjera. Acá en Brasil no soy 100% local, como en Chile tampoco. Y peor, soy una extranjera en mi familia, una extraña para mis tíos y primos, no pasamos de visita que pasan.

Hoy, el día que se cumple 40 años de la traición que tu cometiste a Allende y a la democracia de Chile, te digo que no hay perdón a la atrocidad que hiciste. Espero que el odio que tu plantaste en Chile se terminé. Y que las personas vean que necesitamos de justicia por esos muertos/desaparecidos. Y no de más odio. En mi familia todos volvieron, nadie desapareció por una eternidad o murió, gracias a Dios, pero las heridas en la familia quedarón, asi como en muchas famílias. Amigos de mis papás, abuelos y tíos murieron. Así como tantos miles, más de 3.000 almas que aun esperan justicia. Que nunca se olvidé lo que tú con tus “valientes soldados” hicieron en manchar de rojo el Mapocho, Chile y la historia, así jamás se volverá a repetir.

Carolina Soledad S Cifuentes

PS.: No hay justificativa para lo que tú hiciste. Nada justifica la herida y el odio que tu plantaste en Chile.

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